Sin duda alguna una de las danzas más sorprendentes, tanto para nosotros los mexicanos, como para algún extranjero. Practicada desde la antigüedad hasta la actualidad. Esta danza debe su sorpresa a su desarrollo en las alturas. Todo se lleva a cabo sobre un gran poste (anteriormente este era de madera, actualmente es de metal), dicho poste tiene un cuadro en la cima, en el cual se sientan los cuatro voladores (cada uno representando un punto cardinal) y el caporal (es la persona que toca la música de toda la danza). Sujeto al poste se encuentran cuatro cuerdas, las cuales tienen la función de sujetar de la cintura a cada uno de los voladores.
Su ritual consiste en descender, boca abajo y afianzándose con las piernas mientras giran 13 veces (simulando descender por los 13 cielos del dios sol, que multiplicado por los cuatro voladores da como resultado 52, los 52 ciclos del calendario Xiuhmolpilli, uno de los más importantes de Mesoamérica ).
El ritual finaliza cuando los cuatro voladores tocan el suelo. Un dato muy curioso es que, si mientras los voladores descienden el público aplaude, uno de ellos hace una acrobacia muy arriesgada, la cual consiste en doblar las piernas y tocar sus pies con sus manos (algo muy difícil de hacer estando en el aire). Sin duda uno de los más grandes tesoros de la cultura Totonaca, la digna representación de la historia mexicana a nivel mundial.
A continuación te dejamos una muestra de esta joya Totonaca:
Jesús Josimar Arzaba Vázquez.

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